Jun 14 Manuel Carrasco aparece en La Cartuja de Sevilla con Pastora Soler, Vanesa Martín y Mari de Chambao (REVISTA)
El artista onubense reúne a miles de personas en el primero de sus cuatro conciertos en Sevilla, con un espectáculo de más de dos horas y media marcado por el viento, Andalucía y sus raíces
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Manuel Carrasco ha hecho bailar con el viento a miles de espectadores en el Estadio de La Cartuja de Sevilla. El artista onubense ha abierto este sábado 13 de junio de 2026 su ciclo de cuatro conciertos en la capital andaluza con Viento Salvaje, un espectáculo de más de dos horas y media en el que ha estado acompañado por Pastora Soler, Vanesa Martín y Mari de Chambao.
La primera noche en La Cartuja ha sido mucho más que un concierto. Ha sido una declaración de identidad, una reivindicación del sur y una celebración de todo lo que ha construido a Manuel Carrasco desde sus primeros pasos en bares, teatros y ferias hasta llenar uno de los grandes estadios de España.
El cantante ha arrancado esta serie sevillana antes de afrontar las otras tres citas previstas en la ciudad: La Cruz Salvaje, el 15 de junio; Corazón Salvaje, el 19 de junio; y Pueblo Salvaje, el 20 de junio. Después llegará la despedida de los escenarios en Madrid hasta 2028.
Una bandera blanca y verde para abrir la noche
El concierto ha comenzado con un vídeo introductorio en el que Manuel Carrasco reflexionaba sobre el significado de lo salvaje y sobre el camino recorrido hasta llegar a este momento.
Después, uno de los integrantes del espectáculo ha desplegado una bandera blanca y verde, antes de que el artista apareciera sobre el escenario al ritmo de Bailar al viento.
El guiño a Andalucía ha sido evidente desde el primer instante. Carrasco ha salido vestido con camisa blanca y pantalones verdes, una elección cromática que conectaba directamente con los colores de la tierra que tantas veces ha reivindicado en sus canciones y en sus discursos.
A partir de ahí, La Cartuja ha entrado en combustión emocional con Tambores de guerra, una canción que hizo retumbar la pista y las gradas al compás de miles de voces y palmas.
“Yo nunca he querido pasar por ningún aro”
Durante la noche, Manuel Carrasco ha recorrido el escenario circular situado en el centro del recinto con una energía desbordante, corriendo y saltando como si el estadio fuera una prolongación natural de su manera de vivir la música.
Tras temas como Aprieta y Que nadie, el artista ha saludado al público asegurando que cantaba “desde Sevilla, España, para el mundo”, con seguidores llegados desde distintos puntos del país.
Uno de los momentos más personales ha llegado cuando el onubense ha explicado que esta gira está dedicada a todo aquello que le ayudó a reconstruirse tras los momentos difíciles. Ha hablado de la soledad, de las caídas, de las conversaciones con sus seguidores y del sostén que ha encontrado en quienes lo han acompañado durante años.
En ese contexto, ha lanzado una frase que resume buena parte de su trayectoria: “Yo nunca he querido pasar por ningún aro”. Carrasco ha recordado que su camino fue más complicado que el de otros compañeros porque nunca quiso renunciar a su forma de ser, a su acento, a su sensibilidad, al flamenco, a Huelva ni a Andalucía.
Pastora Soler, la primera gran invitada
Después de interpretar Y ahora, llegó uno de los primeros grandes momentos de la noche con Pequeña sonrisa sonora y la aparición de Pastora Soler sobre el escenario.
La sevillana fue recibida con una larga ovación por un público que entendió de inmediato el valor emocional de ese encuentro. Ambos artistas compartieron una interpretación cargada de complicidad y de raíz andaluza.
Al finalizar, Manuel Carrasco definió a Pastora Soler como “la mejor artista de España”, mientras que ella expresó el cariño y el orgullo que siente por el cantante onubense.
Carrasco aseguró que cantar junto a ella era como sentirse “en casa”, una frase que encajó con el tono general de una noche planteada como una gran celebración de pertenencia.
Drones, orquesta y una Cartuja iluminada
El concierto avanzó con canciones como Sabrás, Uno por uno y Sígueme, en una secuencia en la que el público no dejó de cantar, aplaudir y responder a cada movimiento del artista.
Durante uno de esos momentos, Carrasco recogió un abanico lanzado desde las primeras filas y bailó con él entre las risas y los aplausos de los asistentes.
Uno de los pasajes visuales más espectaculares llegó con un show de drones que iluminó el cielo de Sevilla. Las luces dibujaron diferentes figuras, entre ellas una paloma, hasta culminar con el mensaje Viento Salvaje sobre el estadio.
La segunda parte del espectáculo estuvo marcada por la presencia de una gran orquesta en el escenario central. Vestido completamente de blanco, Carrasco interpretó Ya no y No dejes de soñar, mientras miles de teléfonos móviles iluminaban el recinto y los fuegos artificiales acompañaban una de las escenas más emotivas de la velada.
Vanesa Martín canta con Manuel Carrasco en Sevilla
Otro de los momentos más esperados llegó con la aparición de Vanesa Martín, que subió al escenario para cantar junto a Manuel Carrasco La voz de dentro.
La artista malagueña agradeció todas aquellas experiencias que han marcado su sensibilidad y su fortaleza artística, mientras Carrasco celebró volver a compartir escenario con ella diez años después.
El onubense destacó el lugar que Vanesa Martín ocupa en el corazón del público, en una intervención recibida con enorme cariño por los asistentes.
Después llegaron Yo quiero vivir y Hasta por la mañana, tema con el que Carrasco bromeó asegurando que no tenía intención alguna de marcharse antes de tiempo.
Mari de Chambao y el momento más íntimo
Antes de encarar la recta final, Manuel Carrasco recuperó una canción que llevaba tiempo sin interpretar en directo. Con guitarra y voz, cantó Otoño, octubre, explicando la historia sentimental que dio origen al tema durante una estancia en un hotel.
El tono íntimo dio paso a una interpretación flamenca dedicada a Sevilla, antes de uno de los encuentros más especiales de la noche: la aparición de Mari de Chambao.
Carrasco quiso dedicarle Mujer de mil batallas, y ambos compartieron una actuación acústica a dos voces que emocionó al público. La escena fue definida por los propios artistas como un regalo mutuo en una cálida noche sevillana.
La presencia de Pastora Soler, Vanesa Martín y Mari de Chambao convirtió el concierto en un mapa emocional del sur, con tres voces femeninas muy distintas y profundamente reconocibles dentro de la música española.
“Lo importante siempre ha estado delante del escenario”
En uno de los intermedios, el artista recordó mediante un vídeo distintas giras realizadas desde 2016. En ese recorrido, dejó una reflexión que conectó directamente con el público: lo mejor del viaje no había estado sobre el escenario, sino delante de él.
Ese mensaje resume la relación de Manuel Carrasco con sus seguidores, una conexión construida durante años desde la cercanía, la emoción y una manera muy personal de contar la vida.
En la recta final llegaron Fue, Vivir el momento, En el bar de los pesares, Qué bonito es, Solo tú y Siendo uno mismo.
Durante este tramo, Carrasco volvió a reivindicar que el acento no es solo el andaluz, sino el de cualquier persona que se siente orgullosa de sus raíces y de su identidad.
Un cierre salvaje para La Cartuja
La noche concluyó con Pueblo Salvaje, una canción convertida en homenaje a los orígenes del artista, a los carnavales, a su tierra y a la valentía de Andalucía.
Como broche final, Manuel Carrasco clavó sobre el escenario una bandera con el símbolo de su último disco, cerrando una primera noche marcada por la emoción, la memoria y el espectáculo.
El concierto dejó una idea clara: Carrasco no ha querido plantear su regreso a Sevilla como una sucesión de canciones, sino como una experiencia total, con relato, invitados, raíces, fuegos, drones, orquesta y una reivindicación permanente de lo andaluz.
La Cartuja vivió el primer capítulo de una serie de cuatro noches llamadas a marcar el mes musical de Sevilla. Y Manuel Carrasco, rodeado de Pastora Soler, Vanesa Martín y Mari de Chambao, volvió a demostrar que su territorio natural no es solo el escenario, sino ese espacio emocional que se abre cuando miles de personas cantan con él como si cada canción también les perteneciera.
FUENTE Y ENLACE A LA NOTICIA: EL MIRA
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